Momentos en los que vi a Dios obrando

En el ahora: Momentos en los que vi a Dios obrando

A veces creemos que Dios solo se muestra en los grandes milagros o en momentos gloriosos… pero quiero contarte cómo lo encontré en el ahora, en mi día a día, en mis luchas, lágrimas y sonrisas. A lo largo de este camino, aprendí a depender de Cristo en cualquier instante: desde las risas compartidas con amigas hasta las madrugadas de angustia en soledad.
Aquí te comparto algunas de esas veces en las que lo vi, justo ahí, en el presente.

La decisión de irme de intercambio: el mar, Jesús y Su soberanía

La oportunidad del intercambio llegó cuando estaba en un momento muy bajo. Una maestra me preguntó:
—“July, ¿qué es lo que más te gusta?”
Y respondí sin pensarlo: Jesús y el mar.

Esa frase me marcó, y sin saberlo, se volvió mi motivación.
Decidí aplicar a universidades cerca del mar, pero el Señor tenía otros planes. Me aceptaron en la Universidad Complutense de Madrid.

Y aunque parecía que el mar estaba lejos… Dios sabía que era justo donde debía estar. Madrid no era la costa, pero fue el inicio de calmar el mar que llevaba dentro de mí.

Expectativas, retos y emociones del intercambio

Me fui sin muchas expectativas, pero con muchas dudas y miedos. Quería vivir el presente, descansar y aprender de Cristo en cada momento. Y sí, hubo olas altas, tentaciones y temores… pero Su mano nunca me soltó.

¿Cómo involucré a Dios en la decisión?

Al inicio, como muchos, llené mi agenda sin considerar Su voluntad. Pero sentía que este sueño me sobrepasaba. Entonces lo puse en Sus manos. Días antes de viajar, tomé una materia de estudio bíblico con MOCLAM y me aparté para estudiar Su Palabra. Ahí, en lo escondido, me fortalecí para lo que venía.

1. “Descansa en mí”

En una de mis mil noches de angustia, comenzaba a rumiar pensamientos, buscaba en mis fuerzas escapatorias. ¿Has estado ahí? Llenarte de cosas, tareas, actividades… para evitar pensar en el ahora.
Era de madrugada, y mi mente intentaba encontrar soluciones. Pero entre más pensaba, más me sentía atrapada.
De pronto, un susurro claro: “Descansa en mí.”

Literalmente, mi mente se pausó. Medité en esas palabras.
Recordé esta verdad:

“El que cuida a Israel nunca duerme.” – Salmo 121:4

No resolví nada esa noche, pero mi corazón descansó en Aquel que vela por ti y por mí. En el ahora, encontré refugio.

2. Esta tormenta también santifica

Hay temporadas donde nada mejora… o incluso parece empeorar. Oramos y pedimos que termine, pero ¿y si esa tormenta forma tu carácter a la imagen de Cristo?

Regresar cansada de la universidad, con mil pendientes, me hacía estar frustrada. Llegar a casa y seguir conviviendo era un reto… seguir amando, cuidando y sirviendo a mis roomies. ¿Te ha pasado? Después de un día agotador, volver y seguir dando amor a tu familia.

Pero eso también es parte del carácter de Cristo: amar incluso en lo pequeño.
Poco a poco, Él fue formando en mí más paciencia y empatía. Empecé a hacer galletas en finales para mis roomies como muestra de cariño. Aprendí a perdonar rápido, a escuchar con atención, incluso con tareas encima.
Vi cómo cada mini tormenta de un mal día fue parte de mi santificación.

3. En mi debilidad, recuerdo que Él es Dios

Hubo tardes donde caminaba tan cansada por el insomnio, por extrañar a mi familia, por sentirme débil… pero en esa debilidad, lo único que tenía era a Jesús.
Y fue suficiente.

Querido lector: cuando todo falte, lo único que permanece es Cristo.
Nuestra fragilidad puede descansar en su perfecto Amor. Ahí, en mi debilidad, vi Su fuerza.

4. Mi profesión no me pertenece a mí, le pertenece a Cristo

Cerca de terminar la carrera, las dudas me inundaban:
“¿Qué haré después?”
“¿De esto voy a vivir?”
“¿Estudio otra cosa?”

Tal vez tú también estás ahí. Yo me sentía así, pero Dios me recordó que mi carrera no es mía: es de Él.
Y si le pertenece a Cristo, entonces puede usarla para llevarme donde Él quiera. En Su voluntad hay propósito, y hay paz.

Madrid: experiencias, comunidad y encuentros con Dios

Adaptación académica y cultural

Adaptarme fue más sencillo de lo esperado. Sentí como si Madrid me estuviera esperando. Compañeros, profesoras, roomies… fueron un abrazo de bienvenida.

Y aunque sí extrañé mis molletes (y pensé: “A esto le falta algo”), también descubrí que el pan con tomate puede alimentar el alma… si lo compartes con alegría.

Estudios bíblicos y comunidad en la Complutense

GBU me abrazó con fuerza. Iván y Sarah, nuestros líderes, fueron un regalo. Estudiamos Efesios, hicimos comunidad, comimos juntos. Fueron un pilar para mí.

Me animaron a llevar esa visión de iglesia y compañerismo a donde sea que vaya. Quiero llevarla también a mi universidad.

Vida espiritual en el extranjero

¿Cómo viví mi fe fuera de México?

Vivir tu fe fuera depende de cómo la has construido antes. Los pilares importan. Gracias al tiempo invertido antes, y a la paciencia y amor de Dios, pude sostenerme allá.

¿Qué aprendí sobre Dios, mi relación con Él y la comunidad?

Lo vi como mi todo.
Enferma, sola, con miedo… Él estuvo.
Vi su paciencia, su ternura, su cuidado en cada detalle.

En la iglesia local donde me congregué, me inspiraron a ser más como Jesús. Aprendí que no importa la ciudad, Él está presente en cada rincón del mundo y en cada rincón de tu corazón.

Para cerrar: En el ahora… le pertenezco a Cristo

Hoy, con lágrimas, con alegría, con gratitud… puedo decirte:
Jesús está en el ahora.
En tu duda, en tu incertidumbre, en tus risas y en tu ansiedad.
Nada de lo que viviste fue casualidad. Todo formó parte de tu historia con Él.

Y si estás en medio de una tormenta o en la calma… recuerda:
Tú le perteneces a Cristo.

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